Hay datos que te dejan pensando, y luego están los datos que te confirman lo que llevas años viendo con tus propios ojos. La Encuesta de Bienestar Personal 2025 del Eustat, publicada el pasado 29 de septiembre, es de los segundos.
Las parejas, con hijos o sin ellos, valoran su vida con un 7,8 sobre 10, frente al 7,4 de los hogares unipersonales y monoparentales. Y no es un indicador aislado: en satisfacción con la vida en general, las parejas con algún hijo o hija puntúan 7,5 y las parejas sin descendencia 7,4, mientras las familias monoparentales se quedan en 6,9. En la calidad de las relaciones personales, las parejas vuelven a quedar por encima.
El dato que confirma lo que vivimos
En EM no necesitamos encuestas para saberlo, pero nos gusta que los números lo digan en voz alta: la vida en común, bien cuidada, es la que más satisfacción da. Lo vemos cada día en parejas que llegan cansadas, con la relación en piloto automático, y descubren que su historia todavía tiene capítulos por escribir. No porque cambien de pareja, sino porque cambian la manera de estar juntos.
Pero ojo: no basta con vivir bajo el mismo techo
Y aquí viene el matiz importante, el que los titulares no cuentan. Ese 7,8 no cae del cielo ni viene con el certificado de matrimonio. La felicidad en pareja, decimos en EM, no es cuestión de suerte: es un verbo que se conjuga a diario.
Una relación pide atención constante: tiempo de calidad, gestos de ternura y conversaciones de verdad. Las parejas que puntúan alto no son las que no tienen problemas —problemas tenemos todos—, sino las que han aprendido a hablar de ellos, a escucharse de verdad, a convertir las diferencias en riqueza en lugar de dejar que se conviertan en fractura. Eso no ocurre por arte de magia: ocurre cuando los dos se toman en serio su proyecto común, día a día. Y mira por dónde: hasta las estadísticas lo notan.
La paradoja de nuestro tiempo
Y sin embargo, mientras los datos dicen que la vida en pareja bien vivida es la más plena, cada vez menos gente se atreve a vivirla. Un informe del CEU difundido este mismo mes de octubre advierte de que casi la mitad de los españoles no llegará a casarse. Miedo al compromiso, precariedad, la idea de que la felicidad está en no atarse a nada…
No vamos a juzgar a nadie: cada historia es cada historia, y la gente se siente muy aceptada en su realidad cuando se acerca a EM. Pero sí queremos poner el dato sobre la mesa con cariño: aquello de lo que muchos huyen por miedo es, precisamente, lo que más felicidad da a quienes lo cuidan. Quizá el problema no sea el compromiso, sino que nadie nos enseñó a comprometernos bien.
Tu matrimonio puede ser más feliz de lo que es
Si formas parte de una pareja —con o sin hijos, recién casados o con bodas de plata a la espalda—, este dato va contigo. Ya estás en el equipo que más puntos saca. La pregunta es si quieres quedarte en el 7,8 o descubrir hasta dónde puede llegar una relación cuando se la cuida de verdad.
Nosotros, en EM, hemos comprobado que se puede. Y que merece la pena intentarlo.
Fuentes: Encuesta de Bienestar Personal 2025, Eustat (nota de prensa 29-09-2026); informe CEU sobre nupcialidad, octubre 2026 (vía Vida Nueva Digital, 14-10-2026).


