La escena la contaba CNN en Español el pasado 29 de septiembre: un bar de Montevideo, el segundo piso cerrado para la ocasión, 22 personas —once mujeres y once hombres de entre 30 y 40 años— sentadas en mesas numeradas. Cinco minutos por cita. Una campana de metal que suena, inexorable, cada 300 segundos. Y a rotar.
Se llama speed match y es la versión uruguaya de una tendencia que crece en medio mundo: citas rápidas, clubes de running, viajes en grupo, pádel y hasta bingos musicales como antídoto contra el hartazgo de las aplicaciones de citas. Porque el hartazgo, dicen los que lo viven, es muy real.
En España el fenómeno no es ajeno: más de 5 millones de personas usan habitualmente aplicaciones para ligar, con Tinder a la cabeza. El cansancio, aquí también, es muy real.
El escaparate cansa
La psicóloga colombiana Claudia Domínguez lo resume con claridad: las apps prometieron opciones infinitas y la gente está cansada de analizar perfiles, de la dopamina, del ghosting. Por eso, dice, se vuelve al contacto. Y no es solo una impresión: lo dice la ciencia, que vincula el uso intensivo de estas aplicaciones con el cansancio, la ansiedad y la depresión.
Iñaki, uno de los participantes de aquella noche montevideana, lo explicaba sin rodeos: en Tinder primero ves las fotos y después decides si te interesa lo que dice la persona. Es un escaparate: me gusta, no me gusta. Y el escaparate agota, porque convierte a las personas en productos y al amor en una compra comparativa donde siempre parece haber algo mejor en la siguiente pantalla.
Un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya, con mil perfiles reales de Tinder en Barcelona, lo confirma con datos: preferimos resultar deseables antes que auténticos. El escaparate no solo agota al que mira: también al que posa.
Cinco minutos no bastan para conocerse (pero son un buen principio)

Lucía, de 32 años, veterana de varias noches de citas rápidas, contaba que en el primer minuto ya sabes si la otra persona te gusta o no, y que después puedes ver cómo conversa, cómo se desenvuelve, si hay química, si te hace reír. En las redes, decía, eso no pasa: el cara a cara tiene eso.
En EM lo decimos de otra manera, pero venimos a decir lo mismo: conocerse de verdad lleva una vida entera, pero empieza mirándose a los ojos. Ningún algoritmo sustituye ese instante en que dos personas se sientan frente a frente, sin filtros, y deciden arriesgarse a ser vistas tal como son.
Lo que ninguna pantalla te puede dar
Hay tres cosas que la noche de citas rápidas ofrece y la app no. La primera es la autenticidad: no hay filtros para las fotos, no hay opción de editar el mensaje ni de borrarlo. La segunda es la intención compartida: todos los que van, van a lo mismo, a conocer gente de verdad. Y la tercera es la responsabilidad emocional: como decía Iñaki, te has bañado, te has vestido, te has desplazado hasta el lugar; estás de frente, invirtiendo tu tiempo en otra persona.
Tres cosas, por cierto, que no sirven solo para encontrar pareja. Sirven para mantenerla.
Y después del primer «hola», ¿qué?
Aquí viene lo que en EM hemos comprobado mil veces: el encuentro es solo el principio. Elegir a alguien en cinco minutos es un acto de valentía; seguir eligiéndole cada día es un camino que se recorre juntos: con diálogo, con escucha, con la valentía de mostrarse sin filtros también dentro del matrimonio, cuando ya no hay campana que marque los tiempos.
Nos alegra que el mundo redescubra el valor de mirarse a la cara. Ojalá el siguiente paso sea redescubrir el valor de seguir mirándose, cada día, durante toda la vida: la complicidad se entrena, la ternura se practica y un buen diálogo mantiene viva la chispa mucho después de que suene la campana.
Fuentes: «Citas rápidas en tiempos de hartazgo de Tinder», CNN en Español, 29-09-2026.; Cadena SER (08-04-2026, apps de ligue en España); El País (04-04-2026, estudio UOC sobre perfiles de Tinder)


