Vivimos rodeados de un relato: que el matrimonio está en crisis, que todo se rompe, que comprometerse para toda la vida es una quimera de otra época. Pues bien, los datos dicen otra cosa.
Según cifras de la Oficina Nacional de Estadística británica recogidas por The Times, los matrimonios duran hoy una media de 13 años antes del divorcio: la cifra más alta registrada desde 1963. Y una de las claves parece estar en casarse con más edad, con más madurez.
Trece años de media. Récord en más de sesenta años. Eso no es una crisis: es una buena noticia que merece un titular.
Un dato que no encaja en el relato
Detengámonos un momento en lo que significa este dato. Mientras los medios nos bombardean con separaciones de famosos y estadísticas de divorcio, la realidad silenciosa de millones de parejas es otra: aguantan, crecen y duran más que sus padres y sus abuelos.
No decimos que todo vaya bien —las rupturas duelen y existen—, pero el relato del «todo se rompe» es, sencillamente, falso. La mayoría de los matrimonios no se rompen. Y cada vez duran más. En España, sin ir más lejos, la edad media del primer matrimonio ronda ya los 37 años en ellos y los 35 en ellas: se tarda más en elegir, y se elige con más cabeza.
Y cuando un matrimonio español se rompe, no suele ser una historia corta: según el INE, los matrimonios disueltos por divorcio en 2024 habían durado de media 16,4 años, y casi uno de cada tres superaba los 20 años juntos.
La madurez no es enemiga del amor

El estudio apunta a una explicación interesante: casarse más tarde, con más vida vivida y más conocimiento de uno mismo, ayuda a que el matrimonio dure. Tiene lógica. A los veinte se elige con el corazón desbocado; a los treinta y pico se elige con el corazón y con la cabeza.
En Encuentro Matrimonial lo formulamos así: el amor es una decisión. No hablamos de unos sentimientos extraordinarios —que vienen y van—, sino de una capacidad de decidir amar que implica un acto de libertad. Y decidir bien requiere conocerse, conocer al otro y saber lo que uno se trae entre manos. La madurez no enfría el amor: lo hace más libre.
Durar no basta: hay que disfrutar

Pero ojo: que los matrimonios duren más no significa automáticamente que sean más felices. Durar puede ser aguantar, y aguantar no es el plan.
Nosotros lo decimos muy claro: no se trata de aguantar, sino de disfrutar. Disfrutar del marido, disfrutar de la mujer, también —sobre todo— cuando pasan los años. La relación no se mantiene sola: lo que se atiende, crece; lo que se descuida, sobrevive a duras penas.
Somos expertos en luchar por nuestra relación, y lo decimos con humildad: las tentaciones de tirar la toalla las hemos tenido todos. La diferencia no está en no tener crisis, sino en tener herramientas para atravesarlas.
Si va a durar, merece la pena cuidarlo
Y aquí está la conclusión práctica del dato: si los matrimonios duran más que nunca, más vale que sean buenos años. Prepararse para el matrimonio ya no es un trámite de última hora: es la mejor inversión de la pareja.
Aprender a dialogar —a hablar desde lo que uno siente y a escuchar sin juzgar—, a gestionar las diferencias para que unan en lugar de separar, a renovar cada día el compromiso… todo eso se aprende. Y cuanto antes se aprende, más años buenos hay por delante.
Trece años de media y subiendo. El compromiso duradero no solo es posible: es medible. Celebremos el dato, y trabajemos para que detrás de cada número haya una historia que merezca la pena.
Fuentes: «Marriages are lasting longer. Marrying later in life could be key» (ONS), The Times, ~24-09-2026.; INE, Estadística de Nulidades, Separaciones y Divorcios 2024 (nota de prensa 18-07-2025)


