Un informe publicado este mes en Estados Unidos ha puesto sobre la mesa una idea incómoda y luminosa a la vez: la crisis de la Iglesia y la crisis del matrimonio podrían ser la misma crisis. Lo firma Communio, un apostolado católico que trabaja con parroquias, y lo recogía Zenit el pasado 12 de octubre, justo antes del encuentro convocado por el Papa León XIV en el Vaticano por el décimo aniversario de Amoris laetitia.
Los números impresionan: los matrimonios sacramentales en Estados Unidos han caído casi un 75% en medio siglo; en 2023 hubo 111.245 bodas católicas frente a 401.654 funerales. Pero el informe no se queda en la estadística: sostiene que los jóvenes aún aspiran al matrimonio, aunque cada vez carecen más de ejemplos, de aliento y de apoyo práctico para lograrlo.
En España la foto es muy parecida: según datos recogidos por ABC, las bodas celebradas por la Iglesia han pasado de representar el 55,27% de los matrimonios en 2007 a solo el 17,94% en 2024.
Una crisis que no es solo de números
La tesis de fondo es sencilla y profunda: la familia es la iglesia doméstica, el primer lugar donde la fe se transmite de generación en generación. Una encuesta citada en el informe lo confirma: el 83% de los católicos que van a misa cada domingo creció con padres casados.
Si los niños tienen menos probabilidades de crecer en matrimonios estables donde se practica y se comparte la fe, a las parroquias les resultará cada vez más difícil compensarlo solo con programas. Dicho a nuestra manera: si el matrimonio se apaga en casa, la Iglesia se enfría en el banco de la parroquia. No es un reproche; es una llamada a mirar dónde está la raíz.
Los jóvenes sí quieren casarse
Y aquí viene la buena noticia, la que nos impide caer en el derrotismo: el deseo no ha muerto. En 1993, el 83% de las chicas estadounidenses de último curso de instituto decía esperar casarse algún día; en 2023 la cifra había bajado al 61%, pero seguía siendo una mayoría clara. Entre los chicos, apenas había variado.
Lo que falta no es el anhelo, sino el andamiaje: ejemplos cercanos, alguien que te diga «se puede», ayuda concreta cuando llegan las dificultades —sobre todo en esos primeros cinco años de matrimonio, cuando tantas relaciones se rompen—. El informe denuncia que el 85% de las iglesias no destina recursos al acompañamiento matrimonial y que solo el 23% de los párrocos ofrece algún apoyo a los recién casados. Se prepara la boda con mimo y después, silencio.
Matrimonios que acompañan a matrimonios
En EM llevamos décadas comprobando algo que el informe recomienda con todas sus letras: que sean los propios matrimonios quienes acompañen a otros matrimonios. Parejas que escuchan a parejas, que comparten su camino sin superioridad —«somos expertos en luchar por nuestra relación», decimos con humildad—, que normalizan el pedir ayuda antes de que sea tarde.
Communio propone, de hecho, ofrecer programas de enriquecimiento a todas las parejas, también a las que parecen ir bien, para que buscar orientación deje de percibirse como una señal de fracaso y se convierta en algo normal. No podemos estar más de acuerdo: cuidar el matrimonio no es cosa de crisis, es cosa de todos los días. «Amaos los unos a los otros como yo os he amado»: esa es nuestra visión, y empieza en casa.
Y hay otro acompañamiento del que se habla poco: el de los sacerdotes y consagrados. Ellos comparten con los matrimonios el mismo sueño de vivir su vocación en plenitud, y también necesitan cuidar su interior para poder acompañar a otros. Por eso en EM tienen su propio fin de semana para sacerdotes y consagrados: un espacio para renovarse por dentro y seguir entregándose por fuera.
Empezar por casa

La renovación de la Iglesia, dice el informe, no puede separarse de la renovación de la vida familiar. Nosotros lo vivimos así desde hace años: cada matrimonio que aprende a dialogar, a decidir amar cada día, a convertir sus diferencias en riqueza, es una pequeña iglesia doméstica que se enciende. Y una parroquia llena de casas encendidas no necesita programas para estar viva: ya lo está.
No es apocalipsis; es esperanza con los pies en la tierra. El futuro de la fe se juega, en buena medida, en el salón de tu casa. Y eso, lejos de asustar, debería ilusionarnos: porque el salón de tu casa está a tu alcance hoy mismo.
Fuentes: «Crisis matrimonial como causa de crisis de la Iglesia», informe Communio vía Zenit, 12-10-2026.; datos de ABC sobre bodas por la Iglesia en España 2007–2024 (vía Religión en Libertad, ~08-10-2026)


