Cuando alguien entra en el despacho de un abogado de divorcios, todo el mundo —a veces hasta la propia persona— da por hecho que ya ha decidido. Pero un estudio reciente sugiere que esa suposición puede ser prematura.
Peter Lobl, psicólogo clínico neoyorquino (que antes fue abogado), publicó el 9 de octubre de 2026 una guía sobre el tema. Su punto de partida es un estudio con 100 parejas seguidas que pasaron por «terapia de discernimiento»: el 51% ya había contactado con un abogado de divorcios antes de empezar. Y aquí viene lo que nos interesa: de esas parejas que ya habían dado el paso legal, el 31% terminó eligiendo seis meses de terapia para intentar salvar su matrimonio.
En España, el INE contó 86.595 separaciones y divorcios en 2024, un 8,2% más que el año anterior. Y hay un dato que nos da esperanza: casi 8 de cada 10 fueron de mutuo acuerdo, no contenciosos.
La ambivalencia no es debilidad

Los investigadores lo llaman «ambivalencia ante el divorcio»: convivir con dos preguntas a la vez. «¿Firmo y se acabó?» y «¿De verdad quiero que esto termine?». No es cobardía ni indecisión tonta. Es la señal de que, bajo el cansancio, la rabia y las noches en vela, el vínculo todavía late.
De hecho, el estudio propone cuatro actitudes típicas de quien llega a un despacho de abogado, desde «esto se acabó, es demasiado tarde» hasta «no quiero este divorcio y lucharía por recuperarnos». La mayoría de las parejas reales está en algún punto intermedio: «tengo sentimientos encontrados; a veces creo que es buena idea y a veces no estoy seguro».
Si te reconoces en esa frase, este artículo es para ti.
Pedir ayuda no es de perdedores
En nuestra cultura, pedir ayuda en pareja tiene mala fama. Se ve como el último recurso, el certificado de fracaso. Nosotros, en Encuentro Matrimonial, lo vemos justo al revés: pedir ayuda es el primer acto de valentía de la segunda oportunidad.
Te lo decimos parejas que hemos estado al borde: tentaciones de tirar la toalla las hemos tenido todos. Las parejas que hoy están bien no son las que nunca sufrieron, sino las que un día se atrevieron a decir «necesitamos ayuda». No hay nada de vergonzoso en ello. Vergonzoso sería dejar morir algo que aún está vivo sin haberlo intentado todo.
Una puerta antes de firmar
La noticia habla de la «terapia de discernimiento»: un proceso breve, de como máximo cinco sesiones, que no intenta convencer a nadie de quedarse, sino ayudar a cada uno a ganar claridad sobre qué camino tomar: seguir como están, separarse, o apostar de verdad por salvar la relación.
Encuentro Matrimonial no es terapia ni es un retiro espiritual —lo decimos siempre—, pero muchas parejas nos cuentan que su fin de semana fue esa puerta que necesitaban justo antes de firmar. Un espacio sin juicios donde por fin pudieron escucharse de verdad, descubrir qué le pasaba al otro por dentro y decidir con el corazón despejado.
Porque amar no es solo sentir: es también elegir con la cabeza despejada. Y las decisiones importantes merecen tomarse con toda la información: también con la información de lo que el otro siente y nunca supo decirte.
Tu matrimonio puede ser más feliz de lo que es

No te prometemos milagros enlatados. Te decimos lo que hemos comprobado cientos de miles de parejas: que incluso ahora, incluso desde donde estás, todavía hay camino por delante. Que aún estáis a tiempo de reencontraros. Que nunca es tarde para volver a empezar, el uno con el otro.
Si estás en ese 51% —o en ese 31% que duda—, no estás solo. Y no estás acabado. Estás, quizá, a una conversación de distancia de un comienzo nuevo.
Fuentes: «Clients Who Contact Divorce Lawyers May Still Be Ambivalent About Divorce», EINPresswire, 09-10-2026.; INE, Estadística de Nulidades, Separaciones y Divorcios 2024 (nota de prensa 18-07-2025)


